LA HISTORIA DETRÁS DEL FUSELAJE DEL AVIÓN DE CAZA A-4B


El ingeniero civil Jorge Bertolino viajó a las Islas y al recorrer Pradera del Ganso encontró restos de la aeronave que piloteaba el primer teniente Fausto Gavazzi durante el conflicto bélico
Por 1er Ten. Scheidler / Fotos Gentileza Jorge Bertolino


Jorge Bertolino es un ingeniero civil aficionado a la navegación y a todo lo relacionado al Conflicto del Atlántico Sur. Su interés se intensificó luego del hundimiento del Crucero General Belgrano: “Cuando sucedió, pensé que sería interesante ir y recorrer esos lugares por mi mismo para conocer la historia de Malvinas en primera persona”. Fue así como comenzó a interiorizarse en la actividad naval y a capacitarse hasta que llegó al último peldaño, ser piloto de yate.

El 27 de diciembre de 2003 a pesar de todas las advertencias de que sería un viaje difícil y con obstáculos, Jorge y su amigo Marcelo González, se embarcaron a bordo de su velero denominado “Místico” hacia alta mar con destino final Isla Malvinas.

Luego de 10 días de viaje el velero tocó tierra, convirtiéndose en el primer barco deportivo de bandera argentina en arribar a Puerto Argentino después del conflicto de 1982: “Al principio los isleños eran indiferentes pero luego de unos días se empezaron a acercar al Puerto para sacarse una foto con nuestro Pabellón Nacional”.

Durante los 7 días que duró la visita a Malvinas recorrieron los lugares históricos de la mano de un guía isleño, Patrick Watts, tales como la Isla Darwin, donde rindieron un humilde homenaje a los caídos: “Queríamos homenajearlos con arreglos florales pero en la Isla no había florerías, entonces, el guía que tenía un invernadero en su casa nos armó uno, para nosotros fue muy emocionante porque lo ofreció de corazón”.

También visitaron donde operaba el Escuadrón Pucará. En Pradera del Ganso, Isla Soledad, tuvieron la oportunidad de ver los restos del avión A-4B Skyhawk C-248 de la Fuerza Aérea Argentina que fue derribado cuyo piloto capitán (PM) Fausto Gavazzi perdió la vida: “Fuimos los primeros argentinos en visitar el lugar”, expresó Bertolino.

Fue en ese momento de mezcla de tristeza y emoción que Jorge pensó que las piezas de aquel avión eran parte de la historia de todos los argentinos y se animó a traer una de ellas consigo: “Elegí una de las más significativas, donde se viera la matricula del A-4B”.

Después de aquella semana llena de emociones y de interactuar con los isleños, el 13 de enero de 2004 zarparon de regreso a Buenos Aires y arribaron al Club Náutico Sudeste de San Isidro el 21 de ese mismo mes.

Centenares de periodistas estaban allí esperando para obtener la primicia del regreso del primer barco en tocar tierras Malvinenses luego de 22 años. Sin embargo, la visita más inesperada ocurrió después: “Al día siguiente volví al Club para sacar unos objetos del velero y apareció un veterano que no se identificó pero me obsequió una medalla que se le otorgan a los héroes de Malvinas y me agradeció por el hecho de ir a las Islas”, contó Bertolino.

EL DESPUÉS DEL RETORNO
Cuando Jorge Bertolino se instaló en Buenos Aires comenzó a preguntarse qué hacer con esas piezas históricas y sentía que tenían que ser parte de la Fuerza Aérea Argentina. Fue así que su primer acercamiento a la Institución no tardó en llegar, el brigadier “VGM” Héctor Destri, jefe de la Base Aérea Militar Malvinas durante el conflicto bélico, lo contacto para invitarlo a presenciar un vuelo solo en la V Brigada Aérea, cuna de Halcones, donde en abril de 1978 el capitán (PM) Fausto Gavazzi realizó su vuelo solo.

Sin embargo, no fue hasta el 10 de agosto de este año que en el marco de la ceremonia por el Día de la Fuerza Aérea Argentina Jorge Bertolino pudo concretar su deseo de donarle el fuselaje de la aeronave A-4B Skyhawk a la Institución. Finalmente, esta reliquia, fiel testimonio del alma de un guerrero, descansa en su hogar.


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