47 AÑOS AL SERVICIO DE LA FUERZA AÉREA ARGENTINA


Lucio Romay Gutiérrez se incorporó a la Institución en 1970. Se trata del personal civil con mayor trayectoria en el ámbito de las agregadurías militares
Por 1er Ten. Laura Pereyra. Fotos: PC Sonia Pereyra


“Cuando entré tenía unos 26 años. Este fue y es mi único trabajo, no se hacer otra cosa. Me desempeñé con todo ahínco, dedicación y lealtad, por sobre todas las cosas”, narra Lucio Romay Gutiérrez tras finalizar su recorrido por las dependencias del Edificio Cóndor con las que mantuvo nexo durante los 47 años ininterrumpidos en los que se desempeñó en la Agregaduría de Argentina en Bolivia. En la ocasión, también tuvo la oportunidad de conocer personalmente a la gente con la que interactuó de manera permanente vía telefónica.

Nacido en la ciudad de Tupiza, al sur de Bolivia, en la frontera con nuestro país, Lucio migró a La Paz con el deseo de estudiar Ciencias Contables, carrera que abandonó al presentarse la oportunidad laboral de incorporarse a la Fuerza Aérea Argentina como personal civil. De todas maneras, permaneciendo en su área de interés, se desempeñó como encargado del área de contabilidad donde siempre pudo asesorar a los jefes en materia de sistemas contables y de seguridad, por ejemplo, cuenta

“Estos 47 años se me pasaron rapidísimo por que los disfruté trabajando, le dí a la agregaduría lo mejor de mí; si falté cinco veces fue por fuerza mayor. Solo demostré amor y compromiso por mi trabajo”, asegura orgulloso.

Aunque su retiro aún no es oficial, Lucio manifiesta que “soy consciente de que va a llegar ese momento; puede ser a fin de año o puedo quedarme uno más. Tendré que hacer mis maletas y volver a los jardines de invierno, como se dice vulgarmente”, expresa entre risas y continúa: “Sólo me resta capacitar a la gente que me va a reemplazar y prepararme para decir adiós”.

Al hacer referencia a lo que significa esta etapa en su vida, Romay Gutiérrez manifiesta que “la cierro muy feliz pero triste a la vez. Me motiva saber que voy a poder descansar y pasar más tiempo con mi familia, con mi esposa y mi hija y, sobretodo, con mis seis nietos y dos bisnietos. Quiero acompañarlos en su crecimiento y ver cómo coronan su vida profesional. Espero que en la vida siempre encuentren un derrotero, ese es mi deseo”.

Sin dudas, la Fuerza Aérea Argentina fue una bisagra que marcó un antes y un después. “No sólo me dio trabajo y la posibilidad de tener una casa propia sino que tuve la oportunidad de conocer muy buenas personas, tanto oficiales como suboficiales con las que guardo los mejores recuerdos (…) Agradezco a la Fuerza por todo lo que me dio”, finalizó emocionado.

“Cuando entré tenía unos 26 años. Este fue y es mi único trabajo, no se hacer otra cosa. Me desempeñé con todo ahínco, dedicación y lealtad, por sobre todas las cosas”, narra Lucio Romay Gutiérrez tras finalizar su recorrido por las dependencias del Edificio Cóndor con las que mantuvo nexo durante los 47 años ininterrumpidos en los que se desempeñó en la Agregaduría de Argentina en Bolivia. En la ocasión, también tuvo la oportunidad de conocer personalmente a la gente con la que interactuó de manera permanente vía telefónica.

Nacido en la ciudad de Tupiza, al sur de Bolivia, en la frontera con nuestro país, Lucio migró a La Paz con el deseo de estudiar Ciencias Contables, carrera que abandonó al presentarse la oportunidad laboral de incorporarse a la Fuerza Aérea Argentina como personal civil. De todas maneras, permaneciendo en su área de interés, se desempeñó como encargado del área de contabilidad donde siempre pudo asesorar a los jefes en materia de sistemas contables y de seguridad, por ejemplo, cuenta

“Estos 47 años se me pasaron rapidísimo por que los disfruté trabajando, le dí a la agregaduría lo mejor de mí; si falté cinco veces fue por fuerza mayor. Solo demostré amor y compromiso por mi trabajo”, asegura orgulloso.

Aunque su retiro aún no es oficial, Lucio manifiesta que “soy consciente de que va a llegar ese momento; puede ser a fin de año o puedo quedarme uno más. Tendré que hacer mis maletas y volver a los jardines de invierno, como se dice vulgarmente”, expresa entre risas y continúa: “Sólo me resta capacitar a la gente que me va a reemplazar y prepararme para decir adiós”.

Al hacer referencia a lo que significa esta etapa en su vida, Romay Gutiérrez manifiesta que “la cierro muy feliz pero triste a la vez. Me motiva saber que voy a poder descansar y pasar más tiempo con mi familia, con mi esposa y mi hija y, sobretodo, con mis seis nietos y dos bisnietos. Quiero acompañarlos en su crecimiento y ver cómo coronan su vida profesional. Espero que en la vida siempre encuentren un derrotero, ese es mi deseo”.

Sin dudas, la Fuerza Aérea Argentina fue una bisagra que marcó un antes y un después. “No sólo me dio trabajo y la posibilidad de tener una casa propia sino que tuve la oportunidad de conocer muy buenas personas, tanto oficiales como suboficiales con las que guardo los mejores recuerdos (…) Agradezco a la Fuerza por todo lo que me dio”, finalizó emocionado.

Un almuerzo en su honor

Para agradecer su paso por la Institución y reconocer su labor a lo largo de más de cuatro décadas, se realizó un almuerzo de camaradería en el Círculo de la Fuerza Aérea en el que se congregaron más de 40 oficiales agregados, entre auxiliares y adjuntos. Tras despedirse, Lucio recibió no sólo un presente recordatorio sino un aplauso cerrado de quienes fueron sus jefes.







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