UNA HISTORIA DE TRABAJO EXTREMO


En el marco del 45° Aniversario de la inauguración de la pista de Puerto Argentino en Cabo San Felipe, Islas Malvinas, el Área Logística Palomar homenajeó a quienes participaron de la construcción del Aeródromo
Por 1er ten Scheidler. Fotos Gentileza I Brigada Aérea


El 15 de noviembre se realizó una ceremonia en el Área Logística Palomar para recordar que hace 45 años el Grupo de Construcciones de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) junto a Vialidad Nacional, como gesto de voluntad acordó con Reino Unido la instalación de un aeródromo, en Puerto Stanley, Islas Malvinas. En esta oportunidad se homenajeó a dos personales civiles que participaron de este hito histórico.

La ceremonia fue presidida por el jefe del Área Logística Palomar, comodoro Raúl Falco acompañado por el jefe del Grupo de Construcciones, comodoro Guillermo Alonso y por los personales civiles José De Nardo y Alfonso Frank, quiénes en el año 1972 colaboraron con la construcción de la pista.

El comodoro Alonso aprovechó la ocasión para repasar los momentos y trabajos más importantes del Grupo de Construcciones e hizo hincapié en uno en particular: “Hay un galardón que adquiere un significado especial y es Malvinas, un lugar donde nuestro Grupo demostró tener el brazo fuerte de la Fuerza Aérea para la guerra y ser la mano amiga de nuestra sociedad que se extiende para construir la Paz y el bienestar general”.

TRANSMITIENDO EL MENSAJE DE LA EXPERIENCIA

Tan solo una década antes de la guerra, en el año 1972, el Grupo de Construcciones I denominados entre ellos “Los uñas negras”, se trasladaron a Malvinas para construir una pista de 720 mts de largo y 30 de ancho. Este aeródromo que tardó 7 meses en ser construido significó una puerta de entrada al mundo para los isleños, permitiéndoles viajar de forma directa y recibir correspondencia semanalmente.

En diálogo con Noticias en Vuelo, el personal civil que perteneció a la Fuerza Aérea y que en ese entonces manipulaba topadoras, Alfonso Frank, recordó cómo fue la travesía hasta llegar a Malvinas: “Partimos un 3 de mayo de 1972 del Puerto de Buenos Aires a bordo de un buque carbonero que pertenecía a Transporte Naval. El viaje duró unos 8 días. Al principio los vientos soplaban a favor, sin embargo, cuando estuvimos más cerca de Malvinas se desató una tormenta que hacía que avanzáramos 2 metros y retrocederíamos 3”.

“Fui sacando fotos de todo, desde el primer día hasta el último del viaje en barco y de cuando llegamos a la Bahía de Puerto Stanley y cuando los isleños nos dieron la bienvenida en canoas, en una sola palabra, fuimos muy bien recibidos”, recordó Alfonso.

El electricista, Jorge De Nardo fue otro de los que participó de esta hazaña. Él tenía la tarea de controlar los generadores eléctricos que generaban la energía de la trituradora de piedra que después se utilizaba para el basamento de la pista: “La gente de la Isla se portó muy bien con nosotros,nos iban a visitar a la pista, incluso iban en familia y nos decían que éramos unos argentinos muy trabajadores. La relación era muy buena incluso conmemorábamos las Fiestas Patrias y concurríamos a la iglesia con la gente del pueblo Stanley. Ya a mitad de año nos invitaron al salón del gobernador y participamos de los festejos. La gente nos quería mucho, eso tendría que haber continuado”.

También hablaron de lo que significó para ellos ser parte de esto: “Cuando me enteré que tenía que ir sentí alegría de haber sido seleccionado para cumplir esa misión. De tanta gente que había en el Grupo de Construcciones ser uno de los elegidos era un orgullo, expresó Alfonso, mientras que De Nardo agregó : “Construir algo desde la nada, es algo muy satisfactorio que hace que uno insista y trabaje más en eso”.

Durante la charla Jorge tuvo un recuerdo muy emotivo: “El día que se inauguró la pista, que llegó el Fokker F-27 con 44 pasajeros a bordo fue el único día que ví en Malvinas la Bandera Argentina y la británica flamear juntas”. Por su parte, Alfonso, se sintió nostálgico y expresó: “De tanto en tanto repaso las fotos y a veces siento alegría por la misión cumplida y otras veces tristeza por lo ocurrido en 1982”.

Ambos tuvieron que regresar en 1976 para ampliar la pista, la vieron crecer y sintieron el sacrificio de trabajar en condiciones climáticas donde corrían vientos de 100 kilómetros por hora y nevadas.

Quienes participaron de esta obra dejaron en alto el nombre de la Institución y el Área Logística no dejó pasar la oportunidad de distinguirlos por el trabajo realizado. Para cerrar el emotivo encuentro se descubrió una réplica de una placa traída al continente durante la Guerra de Malvinas que quedará colocada en el monumento a emplazarse en las instalaciones del Área.


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